Seba Calfuqueo habla de una práctica constituida por contaminaciones: la platería mapuche y los sintetizadores; el río y el videojuego; las extensiones de pelo y las tecnologías digitales; la experiencia travesti y la memoria familiar. Frente a un sistema artístico que continúa demandando determinadas formas de autenticidad indígena, ella habla con AWC sobre la impureza como posición desde la cual actuar contra la fantasía de la autenticidad en «CAUTÍN», su primera exposición individual en Europa. 

CAUTÍN comienza con una muerte. O, más precisamente, con un viaje hacia ella. Una mujer atraviesa el agua y se interna en un paisaje poblado por ballenas, plantas y otras formas de vida. La mujer es la madre de Seba Calfuqueo: chilena, casada con un hombre mapuche y, como cuenta la artista, posteriormente “adoptada” por la familia de él. Su presencia abre una exposición que rehúye la fantasía de una genealogía indígena incontaminada.

Presentada por TBA21 y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en Madrid, comisariada por Marina Avia Estrada y llevada por muchas manos, CAUTÍN reúne obras de nueva producción concebidas alrededor del río Kawtin y del territorio de Wallmapu, hoy parte de Chile. La exposición plantea el río como un “territorio inteligente” compuesto por seres humanos, animales, plantas, rocas y fuerzas espirituales; nombrando la colonización que lo atraviesa, la usurpación de tierras, el extractivismo y la privatización del agua.

Conversar con Seba frente a estas obras desplaza rápidamente la cuestión de qué significa representar “lo mapuche”. En su lugar aparece otra pregunta: ¿quién ha producido históricamente la imagen de lo indígena y para quién?

La conversación tuvo lugar en Madrid durante la apertura, un lunes por la noche que terminó, según me contaron, en reguetón.

Seba Calfqueo - Artista de la exposición 'CAUTÍN', organizada por TBA21 y el Museo NacionalThyssen-Bornemisza. Photo by: Cristian Arriagada

María Inés Plaza Lazo: Quisiera empezar por tu madre. Es ella quien nos recibe en la exposición. ¿Qué ocurre cuando esa memoria íntima de su muerte entra en relación con una memoria colectiva que no pertenece exclusivamente a tu familia?

Seba Calfuqueo: Justamente esos cruces que están en el entremedio de nuestra indigenidad: las personas que habitan lo mapuche pero que no necesariamente son mapuche. Esta obra de mi mamá es como la reconciliación entre esos dos mundos que me componen: el mundo chileno y el mundo mapuche.

Cuando mi mamá queda embarazada de mi hermano, mi abuelo la echa de la casa por llevar el hijo de un indio. Y desde ahí comienza toda una historia familiar que tiene que ver con el racismo y la violencia. La familia de mi mamá no era una familia poderosa o rica, era una familia normal, sin acceso a la educación, pero se sentían con el poder de ningunearla por vincularse con mi papá. Esa experiencia nos marcó profundamente.

María Inés Plaza Lazo: Has utilizado una palabra específica para hablar de esa genealogía.

Seba Calfuqueo: Champurria. Es una palabra que he venido utilizando hace muchos años y que tiene que ver con la mezcla, con la hibridación. Viene de la mezcla de licores. 

Los registros coloniales utilizaban esa palabra para hablar de personas que físicamente no se veían como el estereotipo o la imagen tradicional de una persona indígena, pero que, por ejemplo, hablaban la lengua.

Me interesa pensar cómo la imagen puede ser una posible mutación o un quiebre de identidades que a veces son muy cerradas, delimitadas. Quería traer a esta exposición todas las cosas que me componen y que no tienen que ver solamente con el mundo indígena.

También pensar cómo ese mundo indígena se ha relacionado históricamente con otros lugares, con otros territorios. Hay muchos vínculos e intercambios que suelen llamarse sincretismo. Para mí no se trata exactamente de eso, sino de reconocer que el mundo indígena incorpora experiencias que vienen del mundo occidental y que muchas historias indígenas también se componen desde ahí.

Seba Calfuqueo, Itrofill mongen, opacidad del agua, 2026. Photo by: Cristian Arriagada

María Inés Plaza Lazo: El concepto de sincretismo puede convertirse también en una manera de neutralizar la indigenidad: celebrar la mezcla sin hablar de las relaciones de poder que la producen.

Seba Calfuqueo: También tiene que ver con los tópicos que el arte contemporáneo ha creado alrededor de las personas indígenas. Son generalmente muy limitantes, muy exotizantes. No permiten vínculos con el mundo digital, por ejemplo, o con otras disciplinas. El mundo indígena siempre tiene que quedarse temporalmente anclado a un lugar.

Lo que quería instalar con esta exposición era todo lo contrario: reconocer que en mí habitan muchos lugares. La historia de mi mamá es uno de ellos.

CAUTÍN comienza reconociendo esa impureza. Mis antepasados no son solamente mi linaje indígena; también son las personas que me enseñaron otras cosas. Mi mamá siempre me preguntaba por qué ella no aparecía en mis obras. Esta obra es un poco la respuesta: cómo ella puede integrarse a esta conversación de lo que yo también traigo al mundo del arte.

María Inés Plaza Lazo: Esa “impureza” confronta directamente la demanda colonial de autenticidad. ¿Sientes que el mundo del arte espera que produzcas mapuchidad?

Seba Calfuqueo: Sí.

Siempre he sentido que no encajo con el estereotipo que las personas creen que yo debería habitar. A veces llego a ciertos lugares y esperan que me vista de una determinada forma, que hable de una determinada forma, que mi identidad y mi trabajo estén ligados a determinadas técnicas.

Y a mí me interesan otras cosas.

Me interesan todas estas contaminaciones: el cruce entre esos mundos, la experiencia de vivir en la urbanidad, una historia familiar de la primera generación que llega a la ciudad, de la primera generación que ingresa a la educación.

Lo que me compone es una experiencia muy particular desde la cual pensar el mundo indígena. Y el mundo mapuche también es una experiencia muy particular dentro del mundo indígena.

María Inés Plaza Lazo: Esa exigencia de autenticidad es un arma de doble filo. La exotización también puede convertirse en una economía.

Seba Calfuqueo: Es un juego muy perverso porque la exotización ha sido un mecanismo utilizado por personas indígenas, pero también por personas no indígenas, y eso ha permitido muchos casos de apropiación cultural y banalización de prácticas indígenas.

Cuando en mi práctica hablo, por ejemplo, de la cosmovisión o de un espacio más espiritual, nunca es un rito, nunca es una ceremonia. Nunca es la idea de entregar ese espacio espiritual a la blanquitud.

Eso no me interesa.

No me interesa cantar como pájaro ni danzar para que llueva ni nada de ese tipo.

Para mí el espacio espiritual y el mundo indígena son justamente espacios que el mundo indígena cuida mucho. Y creo que esa es una barrera clave para entender cómo se trabajan estas temáticas dentro del mundo del arte, porque han sido lugares de extracción muy fuertes y muy violentos.

Eso también ha permitido que muchas personas subsistan dentro de un sistema que evidentemente es violento. Yo no podría criticar a esas personas. Es una decisión personal y también una estrategia ante un sistema voraz.

Seba Calfuqueo, ITROFILL MONGEN, MAPUCHE DUNGUN, 2026. Photo: Cristián Arriagada Seguel

María Inés Plaza Lazo: La lucha no es contra ellas. Seba Calfuqueo: No. Pero esa lectura es limitante y reduce muchísimo las prácticas.

Con esta muestra queríamos instalar precisamente que esta no es simplemente “una exposición de una artista indígena”. Es una exposición de un artista indígena que se reconoce en su relación múltiple con el mundo contemporáneo.

A mí no me interesa ser ni líder ni vocera de mi comunidad. Hablo de la experiencia que me atraviesa a mí.

María Inés Plaza Lazo: ¿Cómo se rompe entonces esa asociación entre tradición y autenticidad?

Seba Calfuqueo: Hay una anécdota que me gusta mucho: la platería mapuche es uno de los íconos de la cultura mapuche, pero la plata es una introducción colonial.

El mundo mapuche toma eso y hace una tecnología nueva. Cambia y resignifica su historia.

Nadie podría decir que eso no es tradicional, porque la tradición no es algo estático, anclado en un pasado. La tradición está constantemente en vínculo y reactualización.

Entonces el mundo indígena se puede pensar desde el futuro. Se puede pensar desde el presente, desde la tecnología, desde el uso del cuerpo.

Esas son las cosas que a mí me interesa dinamitar.

Seba Calfuqueo, CAUTINAZO, 2026, Mural. Photo: Cristián Arriagada Seguel

María Inés Plaza Lazo: Ahí internet parece ser tan importante para tu genealogía como determinadas tradiciones mapuche.

Seba Calfuqueo: Creo que hay algo generacional muy fuerte. Los artistas de más de cincuenta años entienden el mundo de otra manera que quienes tenemos menos de cuarenta. Nosotros fuimos creados también por la primera era de internet.

Internet permitió que personas que veníamos de lugares muy remotos o locales encontráramos experiencias universales y comenzáramos a construir nuestra identidad a través de la experiencia de la web. Eso cambió radicalmente las maneras de hacer comunidad, de encontrarse en la virtualidad y de representar las cosas.

Yo tuve Facebook, Fotolog, MySpace, todas esas cosas que mi papá no pudo tener. De ahí vienen también las tramas de obras que trabajan con el videojuego, con el anime, con el brillo y el destello.

María Inés Plaza Lazo: Ese brillo introduce otra genealogía que atraviesa la exposición: la del travestismo.

Seba Calfuqueo: El mundo del travestismo tiene todo ese lugar de la decoración. Tal vez para mí esos son más unos ritos que hacer una ceremonia indígena.

Los ritos del travestismo tienen para mí la misma potencia que un mundo indígena. Y siento que ese encuentro entre esos mundos me permitió instalar una obra desde mi propia experiencia y reconocer que soy profundamente impura.

Esta exposición en particular es para mí un momento celebratorio de mi cultura y de mi historia.

Hay materiales que uno no esperaría encontrar en una exposición en un museo como el Thyssen, como el pelo sintético. Son gestos que develan otras narrativas que también componen mi historia.

La extensión del pelo no viene del mundo indígena. Viene del mundo travesti.

María Inés Plaza Lazo: Y también de la negritud.

Seba Calfuqueo: Cuando mostré obras con mucho pelo en ARCO Madrid, aquí la reacción era muy intensa. Pero no ocurrió de la misma manera en Nueva York, donde existe una comunidad afro muy grande y las pelucas y las extensiones forman parte de la vida cotidiana. La gente tenía otra proximidad, quería tocar el pelo.

Me interesan esos materiales porque son visibles, pero la gente quiere tocarlos. Se escapan de la visualidad. Y eso también quiebra ciertas nociones de cómo se ha construido el colonialismo, que tienen mucho que ver con la imagen y con devolver constantemente imágenes a los colonizados.

Seba Calfuqueo, ITROFILL MONGEN, 2026. Obra perteneciente a CAUTÍN, una exposición organizada por TBA21 y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Photo by: Cristian Arriagada

María Inés Plaza Lazo: Entonces, ¿estás trazando una nueva genealogía mapuche?

Seba Calfuqueo: No. Creo que estoy trazando algo mío. No sé si es nuevo, pero mío.

He pasado por muchas formas de habitar mi trabajo. En este momento de mi vida ya no tengo tanta rabia. Al comienzo de mi obra la rabia era un mecanismo muy presente, algo que estaba constantemente activando y rememorando. Ahora me interesa más quebrar estructuras. Profanar. Hackear.

Me siento una infiltrada, una hacker en un mundo que hace unos años no me hubiese permitido ingresar.

El arte para mí es siempre un espacio de incomodidad. Nunca he logrado sentirme cómoda en el arte porque tengo que lidiar con muchas cosas que nunca me van a hacer sentir cómoda.

María Inés Plaza Lazo: Pero habitar esa incomodidad también es una decisión. ¿Y es así como la capacidad de leer el sistema se convierte entonces en una forma de agencia?

Seba Calfuqueo: Sí. Uno de los problemas del ingreso de artistas indígenas que no conocen el sistema del arte es quedar ubicados en un lugar donde no saben cómo gestionar o tener agencia.

Para mí ha sido importante leerme a mí misma antes de que venga otra persona y diga: “Esto es así”. Lo primero que uno ve en la exposición son los créditos. Eso da cuenta de un sistema de trabajo poco habitual dentro del sistema del arte. 

Nunca me he construido como una imagen sola. Todo el proceso de la exposición tuvo asesores interculturales. Cada video tuvo un asesor del territorio para no equivocarnos en determinadas decisiones estéticas, visuales o narrativas.

María Inés Plaza Lazo: Eso también cuestiona la idea del artista indígena individual que llega al museo cargando una cultura colectiva. En los videos, por ejemplo, hay una autoría mucho más distribuida.

Seba Calfuqueo: Todos los videos están trabajados con Ange Cayuman, que es mi amigo y compañero del colectivo Rangiñtulewfü desde hace diez años. Ange co-dirige los videos conmigo.

Conversamos sobre qué se dispone, qué plantas aparecen, qué observaciones hicimos sobre el territorio.

Para mí era importante que Ange estuviera en esta muestra porque Ange vive en el río. Su casa da al río. El río es territorio de mi familia, pero yo no vivo ahí. Estando yo más lejos, era importante tener la presencia de personas que trabajan directamente o habitan ese lugar.

También hay un recorrido sonoro del río realizado por otro amigo músico y toda la música de la exposición fue realizada por tres compositores mapuche que no trabajan desde “lo tradicional”, sino desde cruces entre lo tradicional, lo sintético, los sintetizadores y nuevas tecnologías. Hay una pieza que parece techno.

No me interesa lo tradicional anclado a un lugar rígido. Me interesa imaginar nuevos mundos y crear nuevos espacios. Y eso tiene mucho que ver también con el travestismo: desarmar el mundo y volver a armarlo desde un lugar que no pide permiso.

Yo vengo de esa experiencia. Entonces también lo indígena es profanado de alguna manera.

Seba Calfuqueo, CAUTINAZO, 2026, detail. Photo: Cristián Arriagada Seguel

María Inés Plaza Lazo: Además de producir obra, has creado tus propias estructuras colectivas: un colectivo, una revista, una galería. ¿Por qué era necesario producir instituciones y no solamente imágenes?

Seba Calfuqueo: Trabajo desde hace diez años en un colectivo con una revista digital y un trabajo de investigación de archivos y publicaciones. Y con dos amigas armamos una galería hace cinco años.

Uno de los motivos fue que sentía que el sistema del arte en Chile —y la manera en que se ha construido la narrativa del arte chileno fuera de Chile— estaba muy disputado por personas que ya no habitan Chile y que no lo han habitado desde hace muchos años: los consagrados del arte.

Crear estos espacios tiene que ver con disputar esas representaciones. No porque me parezcan malas, sino porque no me parecen justas para la realidad del país, sobre todo alrededor de la narrativa de la dictadura. La dictadura es probablemente el tópico que más recorre el arte chileno. Yo nací en democracia, pero vivo bajo las consecuencias de una constitución creada con un dictador. Para mí la dictadura no es simplemente algo de los años setenta. Las consecuencias de la dictadura las seguimos viviendo quienes habitamos este lugar.

Mi cuestionamiento al arte chileno tiene que ver con cómo se han instalado narrativas que reducen el impacto del neoliberalismo hasta hoy al resituar la dictadura como algo perteneciente al pasado.

María Inés Plaza Lazo: Cuando una experiencia singular como la tuya empieza a adquirir visibilidad internacional aparece, sin embargo, otro riesgo: convertirse en representante.

Seba Calfuqueo: Creo que ocurre porque no existían personas como yo antes.

He hablado mucho de esto con la Chola Poblete [quién acaba de abrir una muestra en La Casa Encendida, y quién así mismo invito a Seba Calfuqueo a curar su primera exposición en la galería Travesia Cuatro. Nos tuvimos que armar un lugar sin tener referencias, sin tener personas travestis, disidentes, ocupando esos espacios no ya como víctimas, sino como potencia, como divas.

Reconocer ese lugar de ocupación también es una estrategia de supervivencia.

Evidentemente, ingresar al sistema del arte bajo una lógica de cuota es peligroso.

María Inés Plaza Lazo: ¿Cuota?

Seba Calfuqueo: Trending Topics. Los sistemas culturales, las instituciones, las galerías y los museos instalan determinadas narrativas para incorporar relatos que están como trending topics dentro del sistema académico. 

Hace unos años fue muy fuerte la visibilidad de las personas trans, disidentes e indígenas. Hoy ese espacio se está diluyendo y cada vez es más difícil hablar de estos temas.

Por eso siento que tiene que ver con una disputa cultural.

La derecha en Latinoamérica entendió que la cultura es un lugar importante. Las disputas culturales son también las disputas contemporáneas.

Seba Calfuqueo, 32 CAUTIN, 2026. Registro Cristián Arriagada Seguel

María Inés Plaza Lazo: En esta exposición, sin embargo, tomaste una decisión significativa: no querías que el museo te presentara ante todo como un trofeo.

Seba Calfuqueo: Sí. Lo identitario es siempre un problema. Una de las cosas que nos importaba mucho a Marina y a mí era que no se dijera “artista trans”.

Hay una sola obra, la de SHUMPALL, sobre la sirena, que puede leerse como una figura queer. Pero todo lo demás no habla del género. La intención de esta exposición era instalar otra narrativa.

María Inés Plaza Lazo: Quisiera terminar con una distinción que atraviesa todo lo que has dicho. ¿Cómo distingues reconocimiento de incorporación?

Seba Calfuqueo: El reconocimiento te da visibilidad. No te hace un agente. La incorporación requiere que las instituciones generen un cambio estructural en sus lógicas. Que haya un curador indígena y que no haya otra persona hablando por las personas indígenas. Que se cuestionen determinadas narrativas. Ahí aparece un lugar de agencia.

María Inés Plaza Lazo: Si solamente se representa y no se agencia, es una imagen.

Seba Calfuqueo: Check. Siento que mi camino va más hacia desmantelar eso que hacia aceptarlo y asimilarlo dentro de mi práctica.

María Inés Plaza Lazo: ¿Y cómo llegaste a esta calma desde la cual hablas de ese desmantelamiento?

Seba Calfuqueo: Te refieres a la video animación del mundo indígena? Para mí es todo el tiempo un camino para producir yo misma esos quiebres.

María Inés Plaza Lazo: ¿Como olas?Seba Calfuqueo: No, como una cachetada.


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